LA MODA, 93 COMPASES PARA PONERNOS DELANTE DE LA ÚLTIMA OPORTUNIDAD

La MODA - La Riviera

La MODA en 93 compases, 8 conciertos y hora y media de agustidad. 4000 personas y 12h en total. Y yo. Ésta no es una crónica de un concierto, es la crónica de cómo un concierto te devuelve donde debías estar.

Bárbara Téllez (@BbEmergentes)

Ha pasado un tiempo desde mi última crónica. No desde el último concierto (menos mal), pero sí desde que fui consciente de que tenía que parar. Me ha costado mucho sentarme a escribir hoy. Me ha costado a pesar de que el concierto de La MODA me recordó lo que es poner “un pie delante del otro”.

Así que aquí estoy, volviendo a ver el story postconcierto y releyendo mil notas que no voy a reflejar aquí. Es por vuestro bien. A vosotros os da igual en qué orden tocaron los temas o qué instrumento me puso al borde de la silla en cada canción. Si quiero que leáis hasta el final es mejor contaros por qué La Riviera se llenó 8 veces para La Maravillosa Orquesta del Alcohol.

La MODA en La Riviera

¿Prefieres un bolo gigante tipo WiZink u 8 en La Riviera? Bitch, please. Cuantos menos metros entre mi cara de tonta y la banda, mejor. A mí me gusta ver a los músicos mirarse, sonreír… Me gusta ver cuando cierran los ojos. Cuando se entusiasman tocando y llegan corriendo a pisar el pedal.

No soy fan de las sillas. Quién podría. Pero oye, la seguridad ahora es lo primero y una se aguanta. Una también piensa: “¿por qué estoy escribiendo todo esto?” Y recuerda que era porque la decisión de hacer Rivieras dice mucho de La MODA. También lo dice que volaran las entradas y que volvieran a sacar a la venta las de la gente que, por las restricciones de movilidad, no podía ir.

He escrito mil veces sobre La MODA. Ya no sé qué más decir para explicar que me gusta que sean realmente una banda, que se autogestionen y que construyan su proyecto sobre un ideario. Se los reconoce por su imagen, su actitud… y, sobre todo, por sus canciones. La Maravillosa Orquesta del Alcohol es un público alzando las manos y cantando un verso desde la oscuridad.

Aquí quería yo llegar. Al anonimato de cantarles entre la multitud. A la intimidad de compartir un verso al que agarrarse cuando todo lo demás falla. A la comunidad.

La MODA - La Riviera

La Comunidad

A La Maravillosa Orquesta del Alcohol la he visto desde el foso, desde la arena y desde la grada. He hecho fotos, he sonreído orgullosa (ya ves, ni que yo tuviera nada que ver en esto) y he cantado como una condenada. Sin embargo, al margen de la banda ha habido algo que ha sido especial en todos los casos. Algo que no me ha fallado nunca: el público.

Sí, yo voy a ver a La MODA para cantarme cara a cara con gente a la que no conozco y a la que, por un momento, me siento unida. Supongo que, a veces, “el sonido de mi voz contra tu voz” no funciona sólo entre el escenario y la platea. A veces las voces suenan una contra otra en horizontal.

Yo voy a ver a La MODA para cantarme cara a cara con gente a la que no conozco y a la que, por un momento, me siento unida

Qué maravilloso es eso, ¿eh? Las canciones pasan a formar parte de algo más grande que un concierto. Nos las apropiamos y las ajustamos a lo que necesitamos. Olvidamos a quién hemos venido a ver para vernos entre nosotros.

Hay quien lo llamaría distraerse. No tiene ni idea. Un concierto es mucho más que un acto de adoración a un artista. Mucho más que música, incluso. Es ver las manos del público a contraluz. Rozar a alguien bailando y pedirle perdón con la mirada. El olor del humo, el sabor de la cerveza… es todo lo que puedes experimentar con tus 5 sentidos. Los conciertos de La MODA son todo esto y pongo la mano en el fuego porque esta “distracción” hace feliz a la banda.

El concierto

Baia baia, al final no he contado nada de lo que pasó en La Riviera. Ya sabéis. Tocaron los temas que tenían que tocar. Algunos imprescindibles y algunos nuevos. Se lo pasaron bien, nos lo pasamos bien y cantamos juntos por los miedos y las convicciones que nos unen. Y ya está. Que le den a mis notas. Lo mejor del concierto en La Riviera fue volver a dejarme abrazar por la burbuja. Gracias, La Maravillosa Orquesta del Alcohol, por crearla.

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