Rufus es una banda muy fácil de amar, pero difícil de describir. A la vista de la cantidad de gente que congregaron, igual no necesitan descripción.
En 2015 tocaron en el Trigo y el eco de aquel concierto llegó hasta Kentucky, donde yo estaba viviendo el verano más extraño de mi vida. Leer sobre aquel bolo fue un dolor inmenso y por eso al año siguiente llegué a Aranda nerviosa y con ansia. Los vi en el camping y luego me enteré de que eran sorpresa en Santa Catalina durante el finde. Santa Catalina está un poco a tomar por ojaio, pero me fui para allá para verlos otra vez. Mira que hay cosas que hacer en Sonorama, pero necesitaba más.
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Ha pasado mucho tiempo, pero cuando veo a Rufus T Firefly en directo sigo sintiéndome igual. Fascinada. Abrazada. Agitada. Colmada de emociones. Ellos son delicados y enérgicos. Intensos. Maravillosos. Por eso nunca te cansas de escucharlos y por eso allá donde vayan iré yo.
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