Los Vinagres - El Sol
Me recompongo ya mismito, seamos serios. (Se aclara la garganta se ajusta la corbata). Haceos una composición de lugar: un jueves cualquiera, la sala El Sol a reventar, con un porcentaje considerable de sabios isleños expertos en el noble arte de disfrutar a Los Vinagres (me salvaron la vida y me hice colega de un grupito muy majo, luego os cuento)
Ya salieron diciendo que iban tranquilitos pero a fuegote y de tranquilitos nada (nadie se había creído eso). En cuanto reconocimos “Júrame que me olvidarás” se hizo la fiesta, ipso facto. Se me movían solos los pies mientras intentaba tomar alguna nota de lo que decían, de lo que pasaba a mi alrededor…imposible. En estos casos, o te dejas llevar o ¿a qué carajo viniste, eh?
En estos casos, o te dejas llevar o ¿a qué carajo viniste, eh?
“Aunque llueva“, “Chibichanga“…todo patas arriba y ¿qué ocurre? Que aparece Álex para cantarse “Me enamoré de tu madre” (el de Kitai, ¿¡qué Álex va a ser?!, qué cosas dudáis, parecéis yo cuando no me estudio un concierto…) Le eché una mirada de sorpresa a Bárbara (la fotógrafa) y nos perdimos en el baile.
No había forma de recuperarse. Un temazo detrás de otro. Colaboraciones locas una detrás de otra. No nos pusimos carmín para besar a Guille de los Bengala y lo flipamos muy fuerte con Gabi de Sexy Zebras. Se puede decir que voló, incluso literalmente. Yo lo vi planear hacía mí y mi vida pasar como en una película, hasta que un canario muy majo me rescató en el último segundo. Fue la anécdota de la noche (Ahí busqué los ojos de Bárbara otra vez, que respiro viéndome aún viva. Esto se lo contaré a mis nietos, jurao).
Así, entre euforia y sudor se despidieron los canarios.
Pero… Pregunta de examen, ¿qué no puede faltar en una verbena que se precie? Exacto, “Suavemente” (Bé-sa-me…la estabas cantando, que lo sé) Pues así saltaron de nuevo los Vinagres al escenario, camisa de lentejuelas en ristre (Tres cambios de vestuario. Tres. De camisetas de rejilla y chaqueta brillante a camisas salseras con lentejuelas, y de ahí a hawaianas y colorines. Hace falta ser diva…¡ni Beyoncé!)
Una noche maravillosa, no sé cómo tuvimos la fuerza de voluntad para volver a casa. Llamad a vuestro doctor de cabecera y que os recete Verbenita, mi gente.
Llamad a vuestro doctor de cabecera y que os recete Verbenita, mi gente.
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