SOULDRIVERS: LA MIRADA AL FRENTE LA PONE LA TÉCNICA, LA SONRISA LA PONE EL CORAZÓN

Esto no es muy protocolario, lo sé, pero no me importa. Esta crónica la escribo desde dentro y lo hago de la forma más imparcial y más subjetiva que sé. Y sí, eso es contadictorio, pero como ya he dicho me da igual. El pasado 4 de mayo los SoulDriverS teníamos una cita muy especial y es que era nuestra noche en la sala Galileo. Una sala importante, una sala grande y 30 y pico locos muertos de ganas de hacerla vibrar. Y sólo sabemos una forma de hacerlo: Darlo todo.
Texto: Bárbara Téllez (@BbEmergentes)
Fotos: Mónica Arévalo (@clep82)

 

9 de la noche. Un día difícil. Un partido de Champions y un concierto benéfico muy tentador y nosotros de los nervios, pero se ve que hemos hecho algo bien estos últimos años en salas pequeñas porque la Galileo se iba llenando. Algunos nos escondíamos en el baño a calentar y dar un último repaso. Nos cruzábamos todos con todos por todas partes y todo el mundo tenía esa cara de alegría y de nervios y entonces nos reunimos en el pasillo del camerino en los, no sé, mil minutos más lentos de toda mi vida. Unas palabras de ánimo, muchas miradas de complicidad y empezamos a bajar la escalera.

En el escenario Carlos Temprano y Miguel Ángel Garrido se enfrentaban a las 180 personas que llenaban Galileo bromeando sobre la puntualidad del equipo. Cuando Nuria Elósegui (Nur) nos contó lo que quería preparar nos partimos de risa, pero es que hay que verlos improvisando “Bohemian Rhapsody”. Vaya dos cracks. Interrumpía la escena Natalia Dueñas para cantar una maravilla de “Hallelujah”. Qué tía. Si habéis venido a vernos antes la conoceréis por su potencia, pero tal vez no sabíais cómo canta de delicado y de profundo. Salimos a mitad de canción y nos miraba con una sonrisa, haciéndonos parte de todo a pesar de estar callados.

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Arrancamos todos con el ritmillo años 50 de “Go down Moses”, siguiendo la voz rota de Diego Rubio para después perdernos en las 100 voces del “Somebody that I used to know”. Esta canción me encanta. Pasan mil cosas a la vez, todo se solapa y se superpone y te sientes dentro de un entramado. Es genial. Pasamos entonces a la locura que nosotros llamamos “Popurrí I”, que en otras palabras es un medley de “Every breath you take-Still haven’t found what I’m looking for-Stand by me”. Fue nuestro primer medley y ha cambiado mucho desde que lo montamos, pero eso lo hace más especial. Los veteranos (o veterinarios, que nosotros somos muy maduros) se solapan con las últimas incorporaciones y todo suena a “nos ha costado mucho, pero, eh! estamos aquí”.

Todo suena a “nos ha costado mucho, pero, eh! estamos aquí”.

 

Llegaba el turno de un espiritual con sabor a radio y Carmen Villaescusa se adelantaba para cantar “Joy” con esa voz que suena a 70’s y a blues. Se le unió Félix Prieto y nosotros hacíamos colchones y nos preparábamos para las subidas de tono y una coreo que nos ha hecho sufrir pero que es una pasada. Creo que después la gente aplaudió pero eso ya no lo sé porque era mi turno y se me hizo una burbuja de silencio. Maite Villajos y yo nos adelantamos a representar nuestro texto. Sin mirarnos y sin hablar entre nosotras, yo estaba como mirándome en un espejo y Maite tenía ganas de cantar, así que como yo no la hacía caso empezó ella sola. “It is well” es un tema que cantamos juntas hace mucho y al que tengo especial cariño. No puedo evitar girarme a mirarla y dar golpes en el suelo cuando sube y encogerme cuando baja. Qué bonito, Maite, cómo me gusta cantar contigo. Por mi parte más nervios de los que debería. Siempre que acabo pienso que debí doblar más las rodillas o marcar más las intensidades, pero para ser sincera cuando abro la boca para cantar se me olvida todo. Todo lo que he aprendido con esta canción se lo debo a Nur, que me ayudó a llevarla a mi terreno cuando yo aún no sabía cómo hacerlo; que me marcó retos nuevos cuando la empecé a dominar y que cuando la canto me mira como si todo el mundo hubiera desaparecido. Se la canto a ella, los siento a todos detrás y no pienso en si romperé la voz ni en el agudo, sólo arrugo la nariz, cojo aire y lo echo todo. Y sí, hay algo mejor que oír cómo te aplaude la gente: Oír a 30 locos a los que admiras un montón aullar por ti y contigo. Estas cosas no las entiende todo el mundo, pero en serio, no me he sentido más arropada en la vida.

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Pasamos a la armonía lenta y triste de “Motherless child” para luego vibrar con el emotivo “Stay with me”. No puedo nombrarlos a todos, pero qué solos. Son delicados y firmes. Se armonizan y se cruzan y entonces llega el puente, entra Nacho Anda al cajón y parece que nos atraviesa una ola que nos une y nos empuja. Brutal. Con el ánimo por las nubes Sara Martín y Lucía Arjona se colocaban para “Royals“. Todos quietos como piedras, ellas miran al frente y se armonizan y se apoyan y entonces, en la entrada al estribillo con más palabras de la historia (quien quiera un reto que se lo aprenda), arrancamos siguiendo el ritmo con el cuerpo. Contar esto así es raro, pero la puesta en escena es importante y, aunque nos da trabajo, tengo que decir que el resultado es genial. Y así, en el rollo “me muevo-soy piedra”, caímos en un “Oh, happy day” que puso a la Galileo a dar palmas y en el que lucimos dos de nuestras últimas incorporaciones: Carolina y Sandra, que nos llenaron de góspel y de complicidad.

SoulDriverS es un equipo y nos van las canciones de hacer piña, así que ya imaginaréis qué tontos nos ponemos cuando Soco García y Maite Villajos se cantan “Lean on me”. Y ya no os digo nada la cara que se nos queda a las chicas cuando dejamos a los chicos solos a interpretar “Give a man”. Nacho Anda la abrió micro en mano como un discurso, apoyando la mano sobre los hombros de sus compañeros y dándoles paso a un tema que levantó susurros silenciosos entre bambalinas, donde se pronunciaba y no se cantaba, donde esperábamos ese “eva’, eva’, neva’” y hacíamos teatro con las manos para no tener que estarnos quietas y liberar un poco esa alegría que te sale cuando ves a gente que te importa haciendo las cosas tan bien.

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Momento entonces para parte de las chicas, que cantamos “Empire state of mind” sobre el piano de Nur. Había nervios, pero sonó el primer arpegio de “uhs” y desapareció todo. No nos veíamos pero yo visualizaba la cara de todas en los ensayos y les sonreía. Llegó el rap de María Montiel  y nos vinimos arriba y casi sin darnos cuenta estábamos cantando el “New York, New York”. Nobody but Jesus” nos hinchó de ritmo y caímos con todas las fuerzas en el medley “With or without you-Like a prayer-Freedom”. Pero esto era sólo un aperitivo. Más de uno se había quedado loco con Irene de Lema y ahora venía su momento. “You’re all I need to get by” está llena de matices y de fuerza, pero lo que la borda, lo que la hace grande es la maldita voz de Irene, a la que quiero mucho y que un día me va a hacer llorar cantando. Yo creía que era una chica de graves. De esas canciones lentas y profundas que te encogen entero. Pero no! Es chica de graves, de cambios de plano, de agudos imposibles y de hacerlo todo con clase. Es de esas amigas que te inspiran y a las que quieres pegar por ser modestas. Me emocioné un poco viendo cómo se quedaba la gente al escucharla y me quedé con ganas de darle un abrazo, pero es lo que hay: “the show must go on”, así que pasamos al tema nuevo de la noche, una canción de esas de piña en la que nos sentimos como cogidos de la mano: “You’ve got a friend.” Una gran incorporación al repertorio y un gran momento para escuchar esos pequeños duetos que atraviesan el escenario con hilos de complicidad.

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El corazón en un puño y todos al fondo para escuchar a Raquel cantar “Precious Lord” sobre la guitarra acústica de Cristian del Corral. Vaya tía. Es Soul en estado puro, es una voz profunda y unos agudos brillantes, es la leche de expresiva y, aunque el público aún no lo sabía, es energía de alta gama. Pero a eso ya llegaremos porque le llegaba el turno a Virginia Calderón, que arrancó a cantar “This little light of mine” con una dulzura como se ven pocas. La paró a la mitad porque no se sentía bien y quería pedirle a Nur que dejara que el coro la acompañara. Era teatrillo, pero mirad si lo hizo bien que su propia familia dejó de grabar y no tiene el resto de la canción. Hasta yo me lo creí y canté con ella como si la ayudara en algo. La escuchaba intercalarse en la letra, jugar con la intensidad… qué jefa. Vir es actriz y aparte de colarte un trauma en medio de un concierto sabe lo que se hace cuando se habla de transmitir. Da igual si duda del amor de su pareja o te canta una canción. Te deja en el sitio.

Y ya encarábamos la última parte del concierto. Qué pena, pero qué temones quedaban. Cristian del Corral se colgaba la guitarra y empezaba “Waiting on the world to change” con esa voz rota que calla una multitud. Le seguían Miguel Bernal con esas melodías que calan, Abraham Quilez con esos agudos limpios y esa sensibilidad y Joaquín García con la espontaneidad de quien abre una puerta y se empapa de cada momento. Geniales, pero lo siento por todos. Para mi esta canción explota cuando Jessica Pizarro se marca un final que te levanta del sitio. Nos dejó el ánimo calentito para el peculiar arreglo de “Born this way”, que es pero no parece y al final puso a Galileo a cantar.

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Nos tocaba abandonar el escenario y es que el otro grupo de chicas se preparaba para “Bad Romance”. Sorpresón para todos, por cierto, porque nosotros tampoco las habíamos visto interpretar la canción con la puesta en escena. Qué grandes son. Entre sexys y oscuras. Un poco locas y peligrosas. Fue un poco duro volver al escenario después de aquello, pero venía una especial. El medley setentero que me tiene loca perdida: “With a little help from my friends-Aquarius”. Podría decir que no sé qué me gusta más, si la intro de César González y Carlos Temprano, las respuestas con Miguel Ángel Garrido y Cristian del Corral o el subidón que dan el puente y los “ohs” cuando el cajón corta el tema y lo volvemos a arrancar. Pero sí sé cuándo me gusta más: Cuando tengo el pecho lleno del puente y los feelings y entramos en “Aquarius” doblando y estirando los codos y los agudos y los graves elevan los brazos con su colchón y sé que tengo que apretar las costillas porque lo que viene tiene que sonar como un tiro y yo tengo que echarlo todo fuera. Es eso.

Y así, con la cara dolorida de tanto sonreír, nos despedimos con “Goodbye” y nos dejamos llevar. No quiero enredarme más, así que sólo diré que obviamente era mentira y que volvimos para un bis en el que ocurrió algo fuera de guión. Hay un tema que hacemos normalmente y en el que Nur canta con nosotros, pero que habíamos dejado fuera en Galileo. Bueno, a tomar por cleta la biciculo. Un concierto de SoulDriverS no es un concierto de SoulDriverS sin el “Gimme shelter” y sin que Nur nos reviente con esa estrofa de puro Rock and Roll y con esos feelings en los que se intercala con Raquel y te dejan loco. Nur arregla los temas y nos dirige. Nos enseña, nos corrige y nos da lo que nos falta para que el coro suene como suena. Esto vale muchísimo… pero joder, cómo canta. Eso sí que vale un tesoro. Con ella no me meto porque es la jefa y porque ella sabe que me despeina y me deja callada con los ojos abiertos como platos. Es espectacular, en serio.

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No es fácil cantar después de esto, pero oye, los SoulDriverS somos osados y había que disparar las balas de la recámara. Empezamos con un pequeño tesoro para nosotros: “I shall be released”, que en parte homenajea el recorrido de este coro que empezó ensayando en un bar cerrado y que aquel día pisaba orgullosamente la sala Galileo. Seguimos con “Hold back the river”, un tema que a mi personalmente me coge y me vuelve del revés. Cuando escuché a Abraham se me metió  algo dentro. No sé, esa ternura y esa desnudez… cuando entramos a cantar ya tenía el corazón como un garbanzo. Y aún fue a peor con los feelings de Carmen y con ese pedazo de dueto, fistro pecador, qué bonito, que se marcó con Miguel Bernal. Vaya dos cantantes, qué energía y qué bonito cantan… pero cantan juntos y a mi se me encoge el pecho. Pensaba que no se podría, pero ellos de verdad que paran el río.

… homenajea el recorrido de este coro que empezó ensayando en un bar cerrado y que aquel día pisaba orgullosamente la sala Galileo

 

Casi derrumban la Galileo después de eso, pero una fiesta no es una fiesta si no se baila y nosotros no nos bajamos del escenario, lo echamos abajo con “Spirit in the dark”. Esto ya es un clásico, pero lo cuento por si hay algún nuevo por aquí. Raquel se adelanta, coge el micro y hace el silencio en la sala con una intro que corta el aire. La respondemos un poco, cantamos con ella… y nos acaba convenciendo de que vivimos en una peli de los Blues Brothers y de que se ha acabado la calma, así que al grito de “I think I’ve got it” 30 cuerpos desbocados se ponen a saltar y a cantar como locos mientras Rachel anima al público y adorna cada segundo de arreglos imposibles. Unos cuantos “Move!”, un falso final y toda una diva al frente, y pusimos a bailar casi a 200 personas. No sabéis qué es ver eso desde arriba. No puedo explicar cómo se siente uno después de algo así, pero llega el final, intentas recuperar el aliento y sólo sientes el corazón a mil por hora y una sonrisa que duele. Y cuando pasa eso sólo quieres abrazos. Abrazos en los que das la enhorabuena y en los que te la dan pero no te importa porque sientes más agradecimiento que orgullo, porque no sabes ni lo que has hecho, pero lo has dado todo y porque no sabes cómo ha girado la vida para colocarte en un momento y en un lugar tan cojonudo.

 

Sip, ésta es una crónica rara. Es muy larga y muy detallista y ojalá hubiera podido hacerla aún más larga y detallista y haber nombrado a todos. Ojalá pudiera deciros qué melodías me cortan el aliento y qué momentos tienen magia porque alguno de ellos está ahí. Porque canta, porque te mira o porque una vez dijo algo que cambió toda la canción. Ojalá pudiera contaros qué me gusta de cada arreglo y de cada armonía, pero no puedo. Y no quiero ser borde, pero esto ya está quedando muy largo y quiero dirigirme a otras personas antes de marcharme. Gracias por leer hasta aquí, gracias por apoyar este proyecto y gracias por disfrutar con lo que hacemos. De verdad. No tendría sentido sin vosotros.
Y a vosotros, SoulDriverS… no sé. No es necesario que ponga esto por escrito pero yo creo que las cosas buenas hay que decirlas y tengo que decir que vosotros me inspiráis. Me fascináis, me enseñáis y me hacéis sentir parte de algo precioso. Me dáis ganas de aprender mil cosas y me lleváis a un punto en el que no sé si quiero cantar a gritos o callarme y escucharos. No habría sobrevivido a algunas canciones sin teneros al lado y no querría tener cien voces si no os hubiera escuchado. Con vosotros he aprendido muchas cosas, pero lo que más me ha gustado ha sido ver cómo habéis cambiado cada canción, cómo las habéis llenado y cómo las habéis hecho vuestras. Lo que canto es una mezcla de todo lo que cantáis vosotros, de los retos que suponéis y de todos los estilos que os han hecho ver la música como la veis. Gracias a todos por la piña, ya sea en Galileo o en un vagón de metro, y mil gracias a Nur por haber creado este proyecto, por dejarse la piel con nosotros y por guiarnos. Haces que SoulDriverS sea complejo y suene unido, que olvidemos todo y cantemos desde dentro. Tú haces que lo que hacemos sea posible.

Estaba pensando una frase bonita con la que hablar de esa mezcla entre concentración y emoción y se me ha ocurrido esta cursilada: “La mirada al frente la pone la técnica, la sonrisa la pone el corazón” y como está feo decir en el título que reventamos la noche, voy a quedarme con ella xD.

 

PD: Hay tanto que decir que es complicado, pero no me puedo ir sin darle las gracias a Sergio Fernández, que nos acompañó al bajo. Con tanto jaleo no sé ni en qué canciones :S. Estaba a mil cosas, pero te oía!!! Gracias!!