WILLIAM MILLER, EL ENEMIGO

Estoy volando por encima de Tupelo, Mississippi, con la banda más cañera de América y estamos todos a punto de morir. Bueno, no estábamos en Tupelo ni a punto de morir, pero si no empezaba con esta frase me moría.
Bárbara Téllez (@BbEmergentes)

Esto es nuevo para todos. Es una idea me andaba rondando hace tiempo y que ha llamado a la puerta cuando lo ha considerado oportuno. El Enemigo es sólo otro pequeño homenaje a una peli y un guiño a todas las cosas bonitas sobre la música que yo veo en ella. Pudo ser una sección de consejos, editoriales o incluso reportajes, y puede que algún día lo sea, pero hoy William Miller se presenta como un diario o un cuaderno en el que escribo anárquicamente todas las cosas que se me pasan por la cabeza después de un día estupendo.

A mi modo de ver, el concepto enemigo es genial porque durante casi toda la peli William no consigue ser El Enemigo. Siempre tendrá el corazón roto porque siempre será un fan, pero recoge todos sus miedos y hace todo lo que puede por ser honesto y profesional. A mi me hubiera gustado ser Russell, o incluso Penny a pesar de todo, pero soy William. Soy esa imbécil que se maravilla de vivir un instante en esa ola tan intensa y surreal que es la música. No sólo de la que se oye, si no de la que se bebe, se ríe y se toca. De las conversaciones que se tienen con la hamburguesa de después de la prueba de sonido y de los viajes cantando en el coche.  Y más aún de las noches de acústica y copas en las que se empiezan mil canciones y no se acaba ninguna. Esas son las mejores.

Este fin de semana me he colado en mi propia versión de mi peli favorita. He sido El Enemigo y he hecho todo lo que sabía que no tenía que hacer, pero cómo ha molado. Os van a faltar fotos que tenía pensadas, pero es que es mejor vivirlo que retratarlo, espero que lo entendáis.

Noches de acústica y copas en las que se empiezan mil canciones y no se acaba ninguna

Por cosas de la vida que uno no se explica tuve dos semanas para hacerme a la idea de que me iba con Playa Cuberris al Festival Latidos, en Valencia. En realidad no nos conocíamos. Bueno, nos conocíamos de hacerles la crónica de la presentación de los temas de “Entrar a matar”, pero un día estás en casa preparando la cámara y al siguiente estás de copas viendo un concierto con su cantante, Pedro Girón, y ocurre la magia. Tengo que decir que hubo gente que se preocupó un poco de que me fuera con 4 rockeros de viaje, pero los amigos de mis amigos son mis amigos y una no llega a Enemigo quedándose en casa. Así que empaqueté el doble de ropa de la que iba a necesitar (soy Enemigo pero sigo siendo una tía), unas botas cómodas y me fui para allá.

Ni que decir tiene que los Cuberris son más majos que las pesetas, que si no no estaría escribiendo esto, pero es que además son como una familia pequeña, con años de historias acumuladas y en la que todos se conocen y se complementan. Me invitaron a entrar en su universo, en su idioma particular y en sus canciones favoritas. Y claro, a mi lo de ser Enemigo se me olvida disfrutando de serlo y así no puede ser.

El sábado fue el día de currar, así que desayunamos unos espaguetis a la hora de comer y nos fuimos al lío. Tenían sesión de fotos con Sergio López y me fui de espectadora a grabarles con el móvil y servir de blanco para unas risas. Hice un poco de estilista con los cambios de trapitos, cedí mis gafas de sol a la causa y hasta fui la chica de moda entre los 4 pibones para unas fotos de las que quiero copia. Una tortura, vamos.

Un clásico paseo eligiendo bar después, estábamos comiendo y pasando uno de esos ratos preconcierto que me gustan tanto. Y ya de ahí a la vorágine. Prueba de sonido, fotos por si la luz luego es terrible y preparados todos que empezamos. Tengo que decir que en algún momento por aquí me puse con el móvil y me saltó un recuerdo de Facebook de hace un año con un temazo de Ele, así que me fui al baño y me lo canté entero. Le pregunto a todo el mundo qué le apasiona de la música y yo nunca digo qué me apasiona a mi. Pues es eso. Que cuando estoy nerviosa, muy contenta, muy triste, muy todo, muy lo que sea, siempre hay una canción que me calma. Gracias a un montón de gente por eso.

Cuando estoy nerviosa, muy contenta, muy triste, muy todo, muy lo que sea, siempre hay una canción que me calma. Gracias a un montón de gente por eso.

A lo que vamos. Concierto. Marcha, marcha, (esto no os los cuento porque no es una crónica de la que ya hablaremos) y la fiesta pasó de Playa Cuberris a Nada que decir y luego a Despistaos. Y qué bueno haber empezado a trabajar con Pedro, que tiene las cosas clarísimas y va a por todo. Pescamos a Dani de Despistaos en el camerino para hacerle una entrevista que moló un puñao. Más que entrevistar tuvimos una charla los 3. Pasamos por las preguntas que teníamos que hacer y también pasamos de ellas y hablamos de lo que nos surgió. Muy guay.

Ya el resto del finde fue parranda de la buena. Más música, más risas, charlas hasta las tantas, juegos de pelota y todas esas cosas que hacen que no te quieras acostar. Como buena banda de Rock nos quedamos dormidos y llegamos tarde a comer, menos mal que hay gente en el mundo con infinita paciencia. Comimos como reyes, luchamos contra el viento huracanado de Valencia y nos volvimos a Madrid, donde esta vez sí que estuvimos a punto de morir cuando otro coche casi se salta un ceda. En fin, lo normal en Madrid xD.

He vuelto a la realidad como si hubiera visto una película y me veo aquí contándolo desde un lugar que no está dentro ni fuera. Iré puliéndolo con el tiempo lo de mantener una reputación honrada y despiadada. Mientras tanto, si os metéis en un lío, llamadme. Como Lester Bangs, yo también me acuesto tarde 😉

latidos collage